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Corrupción universitaria > A los estudiantes no los quiere nadie

 
 
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Artículo aparecido en:


febrero de 2002



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A los estudiantes no los quiere nadie

Escribo estas líneas abandonando mi habitual tono irónico, porque no encuentro ningún asidero del que colgar un triste chiste. Estudiantes procesados, estudiantes desengañados y estudiantes utilizados no son motivos de risa.

Ha quedado muy bien que algunos rectores, iluminados por un deseo de justicia académica, se hayan apresurado a alentar a los estudiantes con todo tipo de iniciativas anti-LOU. A la postre, pero, se le ha visto la patita de lobo al cordero. A ningún rector le importan lo más mínimo los estudiantes, en ningún otro sentido que no sea el de considerarlos "clientes" a los que se ha de entretener de algún modo.

Sabíamos que, en los pasillos de las universidades, profesorcillos hipócritas son los primeros en tratar a los estudiantes como objetos, como esa molestia con la que hay que contar para que el sistema funcione. Luego son los que realizan charlas y presentan una imagen de profunda preocupación por su futuro. Lo que no podíamos imaginar, pero, es el juego descarado de los equipos rectorales. La payasada de Carlos Solá, de anunciar una insumisión a la LOU y, a la hora de la verdad, dejar solos a los alumnos de la Universidad Autónoma de Barcelona no ha sido más que el buque insignia de una forma de obrar.

A tal actitud se han unido (y evidenciado) la Universidad de Sevilla y la Universidad de Alcalá. La primera alentó un movimiento estudiantil que después no sólo abandonó a su suerte sino que por añadidura le echó encima al personal de seguridad. La segunda, después de ofenderse porque la LOU recortaba la representación de los estudiantes, ahora por iniciativa propia decide recortarla ella misma. Dos conclusiones se extraen de estos hechos, que expondremos a modo de teoremas.

Teorema primero: El rector de la Universidad de Sevilla es incoherente. Demostración: el rector se opone a la LOU porque se ha hecho sin consultarle; los estudiantes, una vez desalojados, exigen que les reciba; el rector se niega; los estudiantes entran por la fuerza y el rector ordena (en vez de recibirles) que sean frenados por los guardias jurados de la universidad. Conclusión: el derecho del rector a ser recibido por la ministra no tiene comparación con el derecho de unos estudiantes a ser recibidos por el rector.

Teorema segundo: El rector de la Universidad de Alcalá no defiende a sus estudiantes. Demostración: se monta un claustro en el que, al parecer, muchos pactos se habían establecido a espaldas de los estudiantes; los estudiantes pierden representación; el rector se dirige a ellos y se justifica dándoles la culpa ("no tenéis experiencia"). Conclusión: el rector, que sí tiene experiencia en estas cosas, ve como los estudiantes pierden representatividad y permite que suceda.

Y, como colofón, la pregunta final: Si el rector de una universidad no es el primero en velar por los estudiantes ¿quién tiene que serlo? Es doloroso, para un joven de veinte años, constatar que su futuro no importa en realidad a las autoridades académicas. A los estudiantes no los quiere nadie. Una vez más, van a ser víctimas de lo que venga. Por suerte, los rectores ya terminaron sus estudios (¡Señor, qué chiste tan malo!).

Guillem Bou Bauzá
Doctor en Ciencias de la Educación

 
         
         
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