A los estudiantes no los quiere nadie
Escribo estas líneas abandonando mi habitual tono irónico,
porque no encuentro ningún asidero del que colgar un triste
chiste. Estudiantes procesados, estudiantes desengañados
y estudiantes utilizados no son motivos de risa.
Ha quedado muy bien que algunos rectores, iluminados por un deseo
de justicia académica, se hayan apresurado a alentar a los
estudiantes con todo tipo de iniciativas anti-LOU. A la postre,
pero, se le ha visto la patita de lobo al cordero. A ningún
rector le importan lo más mínimo los estudiantes,
en ningún otro sentido que no sea el de considerarlos "clientes"
a los que se ha de entretener de algún modo.
Sabíamos que, en los pasillos de las universidades, profesorcillos
hipócritas son los primeros en tratar a los estudiantes como
objetos, como esa molestia con la que hay que contar para que el
sistema funcione. Luego son los que realizan charlas y presentan
una imagen de profunda preocupación por su futuro. Lo que
no podíamos imaginar, pero, es el juego descarado de los
equipos rectorales. La payasada de Carlos Solá, de anunciar
una insumisión a la LOU y, a la hora de la verdad, dejar
solos a los alumnos de la Universidad Autónoma de Barcelona
no ha sido más que el buque insignia de una forma de obrar.
A tal actitud se han unido (y evidenciado) la Universidad de Sevilla
y la Universidad de Alcalá. La primera alentó un movimiento
estudiantil que después no sólo abandonó a
su suerte sino que por añadidura le echó encima al
personal de seguridad. La segunda, después de ofenderse porque
la LOU recortaba la representación de los estudiantes, ahora
por iniciativa propia decide recortarla ella misma. Dos conclusiones
se extraen de estos hechos, que expondremos a modo de teoremas.
Teorema primero: El rector de la Universidad de Sevilla es incoherente.
Demostración: el rector se opone a la LOU porque se ha hecho
sin consultarle; los estudiantes, una vez desalojados, exigen que
les reciba; el rector se niega; los estudiantes entran por la fuerza
y el rector ordena (en vez de recibirles) que sean frenados por
los guardias jurados de la universidad. Conclusión: el derecho
del rector a ser recibido por la ministra no tiene comparación
con el derecho de unos estudiantes a ser recibidos por el rector.
Teorema segundo: El rector de la Universidad de Alcalá no
defiende a sus estudiantes. Demostración: se monta un claustro
en el que, al parecer, muchos pactos se habían establecido
a espaldas de los estudiantes; los estudiantes pierden representación;
el rector se dirige a ellos y se justifica dándoles la culpa
("no tenéis experiencia"). Conclusión: el
rector, que sí tiene experiencia en estas cosas, ve como
los estudiantes pierden representatividad y permite que suceda.
Y, como colofón, la pregunta final: Si el rector de una
universidad no es el primero en velar por los estudiantes ¿quién
tiene que serlo? Es doloroso, para un joven de veinte años,
constatar que su futuro no importa en realidad a las autoridades
académicas. A los estudiantes no los quiere nadie. Una vez
más, van a ser víctimas de lo que venga. Por suerte,
los rectores ya terminaron sus estudios (¡Señor, qué
chiste tan malo!).
Guillem Bou Bauzá
Doctor en Ciencias de la Educación
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