Por qué me gusta Supergirl
Por mucho que la miras y a pesar de sus poderes, Supergirl guarda
siempre este aspecto de fragilidad que la hace parecer vulnerable.
Su mirada de ingenua adolescente reafirma la imagen de justiciera
que no sabe bien dónde se mete.
Y sus obras, en definitiva, no hacen más que acentuar este
carácter sincero. ¿Quién le iba a decir que
fuera tan difícil luchar contra el sindicato de superhéroes?
¿Se habría atrevido a intentar desmontar su corporativismo
si hubiera podido prever la reacción furibunda y altiva de
tantos hombres agarrados a su supertraje? Seguramente, sí.
Y es que, verán, esto de la superjusticia ya no es lo que
era. Antes, para tener superpoderes, hacía falta pasar un
calvario lleno de incertezas: tener doble personalidad (la familiar
y la investigadora), vivir con lo mínimo (el ejercicio de
la superjusticia nunca ha sido rentable) y sentir auténtica
vocación por la humanidad (ya que tus amigos te decían
que no fueras tonto y te largaras a las empresas de I+D).
Pero claro, poco duró semejante sistema porque algún
Lex Lutor, con intención sin duda buena y caritativa, decidió
que esto no era vida e investió de poderes al primero que
se acercó a su laboratorio. Bueno, mejor dicho, el primero
que le hizo la pelota, le sirvió los cafés y (no muy
importante pero necesario) le citó en todos sus artículos.
Y como el mal se extiende más rápido que el bien,
todos se apuntaron a la moda para no ser menos: Los Cuatro Fantásticos
dieron el título de Antorcha Humana a uno que le tenía
pánico al fuego porque de pequeño se había
quemado. Para conducir el Batmovil se contrató a un oportunista
que no tenía carné. Y en la Universidad de Atlantis,
con Namor de rector, nombraron decano a un gato escaldado (que,
por si no lo recuerdan, es aquel que del agua fría huye).
Así las cosas, Supergirl desató la tormenta que acabaría
con tanto nombramiento barato. Pero, y aquí nadie contaba
que los superhéroes se parecieran tanto a los supervillanos,
éstos aplicaron el teorema de la sopa: ¿No la querías?
¡Pues toma dos tazas!
Y, en definitiva, así vivimos los mortales. Sorprendidos
porque ahora Los vengadores han convocado 78 plazas de superhéroe,
con nombres y apellidos, para unos seres que coraje tienen bien
poco: el miedo a la habilitación delata su inutilidad y su
inseguridad.
Me gusta Supergirl por este simple hecho. Porque ha encendido la
antorcha que nos ha hecho percibir hasta qué punto es de
tebeo la situación en la Universidad. Cuando aterriza y se
mete en una cabina, para salir vestida de calle y situarse ante
los micrófonos... ¿por qué no la escuchan un
poco antes de vapulear su nombre? Quizá tiene razón
esta mujer.
Guillem Bou Bauzá
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