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Corrupción universitaria > ¡Y los rectores jugando al Monopoly!

 
 
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mayo de 2002



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¡Y los rectores jugando al Monopoly!

Al principio todo eran tinieblas y entonces Dios dijo: "¡Hágase la teleeducación!" y una universidad anunció que iba a dar cursos por Internet. Entonces, de repente, brotaron sistemas de teleformación en todos los distritos universitarios al grito de "¡Las nuevas tecnologías son el futuro!". Se abrieron oficinas web, oficinas interactivas, oficinas de e-campus, oficinas telemáticas, oficinas semipresenciales (vamos, que aquello parecía una exposición de Ikea oficinas) y cada universidad escogía el nombre que le parecía más adecuado.

En esto, como el negocio no acababa de funcionar, algunas universidades dieron publicidad a un gran secreto: ¡Se puede estudiar la carrera que uno quiera sin pasarse por las aulas y trabajando treinta y cinco horas diarias! "¡Qué callado se tenían que eso era posible!", masculló un sexta convocatoria de Estadística II, "¿Por qué no nos lo han hecho saber antes?"

Y, claro, el sexta convocatoria, acompañado de unos colegas, visiblemente ofendidos todos, se matricularon en masa a Estadística II virtual, que era así como constaba en el plan de estudios, es decir, que era "virtual", a saber, que no era una asignatura en realidad, sino un ensayo, algo "que tiene las virtudes de" pero que no es.

Los rectores, entusiasmados, agitaron los dados del monopoly y pusieron aquí cuatro casas y allí unos hoteles, en general con el presupuesto del estado. Pero la ecuación se torció y se produjo lo que siempre habían anunciado los más escépticos. Se tuvo que admitir que no era posible realizar unos estudios de cuarenta horas semanales de dedicación en los ratos libres que dejaba un trabajo de treinta y cinco horas. "¡Es de cajón!" gritaba un viejo catedrático enfadado porque a él le habían denegado una subvención que había ido a parar al Departamento de Formación a Distancia (donde la mayor distancia era la que separaba a los profesores del cumplimiento de su horario laboral).

Pero, a pesar de todas las evidencias, a pesar de las pérdidas, el invento se mantuvo. No fue por el enfado del sexta convocatoria, al cual sorpresivamente aprobaron cuando no lo esperaba; fue precisamente por eso mismo, por los aprobados, porque alguien hábilmente dijo en su momento oportuno: "Es evidente que un estudiante no presencial tiene muchas más desventajas que un estudiante presencial. Hay que hacer algo para compensar". Y lo hizo. Pero esto ya es otra historia.

Guillem Bou Bauzá
Doctor en Ciencias de la Eudación
guillembou@yahoo.com

 
         
         
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