El rector payaso
Escandalizado andaba el Personal de Administración y Servicios
de una conocida universidad española con el tema de la insumisión:
-Pero ¿Cómo va a declararse insumisa una institución
pública que recibe los fondos del estado? Que lo haga un
individuo puede tener sentido, pero la administración...
Como era costumbre, ese PAS a veces ignorado, que aguanta al pie
del cañón la gestión de nuestras sorprendentes
universidades, se mostraba molesto ante la burocracia inútil
que se avecinaba por esta nueva puesta en escena. Alguno decía
que las autoridades académicas havien perdut l'oremus, y
lo hacía en un catalán así de claro.
Por añadidura, ustedes pensarán que doctores tiene
la Santa Iglesia, pero en esta universidad no debe de quedar ni
uno. Al menos, en derecho administrativo. Porque hizo falta consultar
a La Generalitat para esclarecer las consecuencias que acarrearía
la "insumisión" de una institución de unas
sesenta mil personas. Oficialmente, la respuesta del govern fue
algo así como "¡Hombre, si la elección
del rector no se ajusta a la nueva ley, no vamos a reconocerlo!",
cosa que no sorprendió lo más mínimo a ese
resignado PAS, como decía, que asiste atónito al reality
show de las iniciativas de resistencia posmoderna universitaria.
Al respecto, y que quede bien claro, yo no reclamo huelgas de hambre
ni encadenamientos. Me conformaría con que se me diera algún
argumento sólido y no difuso sobre el rechazo a la nueva
ley. Porque cuando un entrevistado salió por la radio y dijo
que "con el nuevo sistema hay un sorteo con unas bolas, lo
cual es anacrónico en la era de Internet" yo pensé
que hablaba un payaso ¡Y por lo visto era un rector quien
proporcionaba tan sólido argumento!
Así pues, lo de la insumisión universitaria no ha
sonado a la resistencia digna de un colectivo que lleva la razón.
Ha sonado a una treta corporativa para luchar sin asumir los riesgos
("¡venga, lo hacemos todos y así nadie paga el
pato!"). Y ha sonado a un anacronismo en un estado de derecho.
A mí, en particular, me ha parecido una payasada.
En poco tiempo, pero, se volvió a la normalidad. Se paralizaron
las clases, se convocó a los estamentos y se llenó
de nuevo el claustro. Se aprobó lo obvio: que una institución
del estado, como tal, debe acatar la ley (otra cosa es lo que haga
una persona particular o una asociación universitaria, cuyas
posturas respeto). Entonces, los estudiantes, aceptaron frustrados
que habían sido víctimas de una broma. Alguien los
había utilizado y, entre la confusión, había
conseguido colar a sus profesores ayudantes en el viejo sistema
de concursos.
La función terminó. El rector se quitó el
maquillaje. Afloraron las verdaderas intenciones. Nunca se pensó
seriamente en apoyar al movimiento estudiantil de aquella universidad;
sí en utilizarlo. El claustro y la farsa habían terminado.
El rector gritó "¡Telón!"... y este
cuento se ha acabado.
Guillem Bou Bauzá
Doctor en Ciencias de la Educación
guillembou@yahoo.com
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