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Corrupción universitaria > El rector payaso

 
 
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Artículo aparecido en:


febrero de 2002



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El rector payaso

Escandalizado andaba el Personal de Administración y Servicios de una conocida universidad española con el tema de la insumisión: -Pero ¿Cómo va a declararse insumisa una institución pública que recibe los fondos del estado? Que lo haga un individuo puede tener sentido, pero la administración...

Como era costumbre, ese PAS a veces ignorado, que aguanta al pie del cañón la gestión de nuestras sorprendentes universidades, se mostraba molesto ante la burocracia inútil que se avecinaba por esta nueva puesta en escena. Alguno decía que las autoridades académicas havien perdut l'oremus, y lo hacía en un catalán así de claro.

Por añadidura, ustedes pensarán que doctores tiene la Santa Iglesia, pero en esta universidad no debe de quedar ni uno. Al menos, en derecho administrativo. Porque hizo falta consultar a La Generalitat para esclarecer las consecuencias que acarrearía la "insumisión" de una institución de unas sesenta mil personas. Oficialmente, la respuesta del govern fue algo así como "¡Hombre, si la elección del rector no se ajusta a la nueva ley, no vamos a reconocerlo!", cosa que no sorprendió lo más mínimo a ese resignado PAS, como decía, que asiste atónito al reality show de las iniciativas de resistencia posmoderna universitaria.

Al respecto, y que quede bien claro, yo no reclamo huelgas de hambre ni encadenamientos. Me conformaría con que se me diera algún argumento sólido y no difuso sobre el rechazo a la nueva ley. Porque cuando un entrevistado salió por la radio y dijo que "con el nuevo sistema hay un sorteo con unas bolas, lo cual es anacrónico en la era de Internet" yo pensé que hablaba un payaso ¡Y por lo visto era un rector quien proporcionaba tan sólido argumento!

Así pues, lo de la insumisión universitaria no ha sonado a la resistencia digna de un colectivo que lleva la razón. Ha sonado a una treta corporativa para luchar sin asumir los riesgos ("¡venga, lo hacemos todos y así nadie paga el pato!"). Y ha sonado a un anacronismo en un estado de derecho. A mí, en particular, me ha parecido una payasada.

En poco tiempo, pero, se volvió a la normalidad. Se paralizaron las clases, se convocó a los estamentos y se llenó de nuevo el claustro. Se aprobó lo obvio: que una institución del estado, como tal, debe acatar la ley (otra cosa es lo que haga una persona particular o una asociación universitaria, cuyas posturas respeto). Entonces, los estudiantes, aceptaron frustrados que habían sido víctimas de una broma. Alguien los había utilizado y, entre la confusión, había conseguido colar a sus profesores ayudantes en el viejo sistema de concursos.

La función terminó. El rector se quitó el maquillaje. Afloraron las verdaderas intenciones. Nunca se pensó seriamente en apoyar al movimiento estudiantil de aquella universidad; sí en utilizarlo. El claustro y la farsa habían terminado. El rector gritó "¡Telón!"... y este cuento se ha acabado.

Guillem Bou Bauzá
Doctor en Ciencias de la Educación
guillembou@yahoo.com

 
         
         
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