La biología del poder
La vida de los seres humanos, y esto está a punto de descubrirlo
la ciencia, puede explicarse por el ataque de diferentes microorganismos
en diversas etapas de su biografía. Además de eso,
algunas ocupaciones predisponen más al cerco de los microbios
que otras, evidentemente.
Los hombres de estado, y éste es uno de los casos más
estudiados, frecuentemente son afectadas por una enfermedad muy
curiosa. La patología ataca la memoria hasta el punto que
borra de su conciencia los hábitos más elementales
para conseguir poder. De este modo, se olvidan de cuando ellos eran
las consultados y de los truquitos que hacían servir. En
consecuencia, creen firmemente que por sus intereses combaten todos
los individuos a quienes consultan.
Este tema necesita de más explicaciones para ser comprendido.
Es lo que se denomina el interés del consultor. Un escalador
hábil siempre intenta convertirse en el informador de alguien
de más arriba. Empieza, en la primera parte de su plan, acercándose
y suministrándole información valiosa. En mas o menos
tiempo (según la inteligencia de quién es informado)
consigue que la persona influyente le tenga confianza. Entonces,
si todo sale como estaba previsto, se convierte en un informador
regular o consultor informal. No goza de ningún cargo concreto,
pero todo el mundo sabe que su opinión es escuchada por quien
ostenta el poder.
Llegados a este punto, el escalador se transforma en un empleado
con expectativas. Exige compensaciones a los que recomienda o sobre
los que opina favorablemente, por una parte, y prepara informaciones
que faciliten su ascensión por otra. La situación
llega a un estado viciado en el que el informador no actúa
como tal, sino simplemente defiende sus intereses. Por tanto, cualquier
autoridad inteligente debe tener presente siempre que sus consultores
tienen intereses.
Es muy difícil, aunque aparezca un médico que detecte
tal enfermedad, que el paciente se recupere. Normalmente es el informador
interesado quien se avanza: convence a la autoridad de que se trata
de una conspiración y consigue que ésta despida al
equipo médico. Así de simple, porque lo he visto.
Muchos de mis amigos os podrán contar el proceso que siguen
algunos jefes de departamento para llegar a vicerrector en las universidades
de nuestro país. Por tanto, ya tenéis un buen baremo
para medir la capacidad de quienes os mandan.
Con lo que he expuesto creo que ahora entenderéis un poco
más la dinámica de los ecosistemas donde está
presente cierto poder. No os espantéis cuando apreciéis
que su comportamiento obedece a reglas más mecánicas
que no humanitarias. No os espantéis al considerar la cantidad
de personas con parcelas de poder, cuyo sueldo pagáis vosotros,
y que trabajan para sí mismas. No os asustéis porque
llegaréis a la misma conclusión que yo por lo que
se refiere a dichos individuos y que, biológicamente, es
la obvia: son unos animales.
Guillem Bou
Doctor en Ciencias de la Educación
guillembou@yahoo.com
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