La universidad de los consortes
En cierta ocasión, con motivo de un proyecto de colaboración
internacional, tuve que llamar a una universidad americana muy pequeña,
de la cual no tenía referencias. Me pasaron directamente
con la secretaria del rectorado, la cual me dijo:
- Tendrá que llamar otro día, porque la rectora está
de viaje
- Si, entiendo... pero le llamo desde España. ¿No
podría hablar con otra persona?
- Ah, bueno, si llama más tarde le paso con el rector, porque
vuelve hoy
Al pedir explicaciones, porque no comprendía el modelo de
gestión de aquella institución, no concebían
que no entendiera lo obvio: que el rector era el marido de la rectora
¡No podía ser de otra forma!
Esto sucedía hace unos años y fue muy comentado entre
colegas. Sin embargo, poco tiempo después, en un ámbito
cercano al mío, un jefe de departamento presidía el
tribunal para la provisión de una plaza de asociado a la
cual se presentaba una señora que ahora es su pareja (no
me pregunten si es de hecho o de derecho, porque tan cotilla no
soy).
Con la brecha que el rector ha abierto al convocar un centenar
de plazas, miren lo que les digo, el diablillo que habita en la
oreja izquierda de todos nosotros acaba de susurrarme que seguro
que a la señora van a convocarle una plaza a medida para
su perfil.
Para los profanos, voy a explicarme. Resulta que con la LRU todavía
vigente, si una universidad es desaprensiva y se pasa el principio
de igualdad de la Constitución española por el forro,
va a convocar plazas docentes no pensando en los mejores candidatos
para ellas, sino fijando los perfiles y tribunales de las mismas
a medida para que ciertas personas concursen con ventaja. Es decir,
ya puede faltar en un departamento un profesor de Estadística,
que si interesa colocar a Manolita, que ha hecho la tesis en Organización
Escolar, el perfil de la plaza será de Organización
Escolar.
Pero, para que quede bien claro, no digo yo que más de un
jefe de departamento de nuestras inmaculadas instituciones académicas
va a aprovechar la brecha abierta por su rector para colar una plaza
con el perfil docente de su mujer. O viceversa.
Yo creo en el amor auténtico entre los científicos.
Entre la atracción natural del matrimonio Curie, ya que compartían
amor, hobby y radiaciones. Yo no creo que un jefe de departamento
haya promovido nunca a una amante a profesora y que después
se haya casado con ella. Yo creo que cuando concursó no se
conocían apenas y, a fuerza de trabajar, se enamoraron. Yo
no creo en la universidad de los consortes.
Mis amigos y un centenar de testigos, se ríen de mí
y de mi ingenuidad.
¿Por qué no me escriben un correo electrónico
contándome si en su universidad pasa lo mismo?
Guillem Bou
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