En defensa de los espacios de libertad
En teoría vivimos en un país con libertad de prensa.
Sin embargo, la realidad es otra muy diferente. Los periódicos
(al igual que las emisoras de radio, televisión o empresas
mediáticas) no sólo tienen unos dueños concretos,
sino que sus entramados de accionistas en las empresas que los sostienen
les hacen absolutamente esclavos de sus alianzas.
Dicho de otro modo: todo el mundo debe favores a todo el mundo.
Por tanto, no siempre que exista una noticia que perjudica al partido
X será publicada en el periódico que simpatiza con
el partido Y. Esto es así porque el periódico, en
concreto, debe algunos favores al partido X y se lo pensará
dos veces antes de publicar.
Por otra parte, también los partidos políticos se
deben favores entre ellos y, existe, por tanto, un esquema de alianzas
que no permite entrar en ciertos terrenos. Hay, sin duda, pactos
de silencio y pactos legislativos (¿por qué, por ejemplo,
no ha progresado nunca en nuestro país un marco legal efectivo
para saber quiénes financian los partidos políticos?).
Y, en tercer lugar, siempre la víctima de la publicación
de una denuncia es el periodista. El profesional que sabe que aquello
debe saberse queda marcado y, muchas veces, esta marca acaba con
el despido.
En todo este contexto, se asombrarían de saber, por ejemplo,
que determinados accionistas de grupos mediáticos exigen
a los directores de periódicos que tal o cual firma publique
un artículo. Evidentemente, aquí no falta el nepotismo
y sorprende ver la facilidad con que vástagos inútiles
acceden a las tribunas mediáticas, cuando tienen muy poco
o nada que decir.
Los más perjudicados, además de la opinión
pública, son los periodistas noveles, honestos o independientes.
Un joven licenciado en periodismo, a pesar de tener talento, deberá
aguantar cómo una legión de recomendados se cuela
ante él y, posiblemente, como algunas veces hace de negro
o de colaborador oculto (es decir, la persona que realmente aguanta
un programa o una sección, mientras que la fama se la lleva
otro).
Así pues, está en juego la prensa libre, el libre
pensamiento y el acceso a la información. Esta sección
reclama, por tanto, algo tan necesario como la constitución,
el estado de derecho o el respeto a la ley. Reclama un espacio de
libertad ¿Quién nos lo puede proveer?
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