COLOMBIA EN SU LABERINTO (Entrevista a Carlos Obando)
claves para entender el conflicto en Colombia y América
Latina
Pregunta:¿Dónde podemos ubicar el origen del conflicto
armado que vive Colombia?
Carlos Obando: Por los historiadores sabemos que lo que hoy se
conoce como Estado colombiano se hizo a bases de arbitrariedades
y atropellos, que se construyó desde la perspectiva de caudillos
y en contra de una visión democrática del grueso de
la población, y esto no ha cambiado, los partidos políticos
siguen hoy usurpando un poder que no les pertenece, aunque se lo
ganen cada 4 años en las elecciones, puesto que lo han tomado
y mantenido a base de sobornos, componendas e intereses puramente
individuales. En este orden de ideas y como consecuencia de la exclusión
política, social y económica a la que ha sido sometido
el pueblo colombiano, nacen todas las formas de violencia conocidas.
Primero, fue la guerrilla de las FARC en los años 50, luego
el ELN, que nació al calor de la revolución cubana
en los 60, y hace unos 15 años el paramilitarismo, a esto
súmele la violencia generada por el negocio de los carteles
de la droga, que también son un fenómeno relativamente
reciente, por citar los más representativos grupos que configuran
el conflicto armado en Colombia.
Pero, para hablar del origen del conflicto, quizás yo diría,
que el hecho que cambió radicalmente el país de una
relativa tranquilidad en un país conflictivo, fue sin duda,
el asesinato del líder político liberal Jorge Eliécer
Gaitán en el año 1948, siendo entonces el candidato
más opcionado para ganar las elecciones presidenciales. Este
político tenía una gran aceptación en los sectores
populares -campesinos, obreros y clase media- y se perfilaba como
un renovador de la política bipartidista y clientelista que
siempre ha gobernado este país. la oligarquía vio
por primera vez amenazado su status quo y su poder, así
que este asesinato es la consecuencia de la intolerancia y de la
imposibilidad de que fuerzas divergentes puedan llegar al poder
por la vía democrática. Esto fracturó el país
y a partir de ahí, entonces, vino un largo periodo de violencia
campesina y urbana que fue imparable y que como un remolino aterrador
ha venido hasta nuestros días sin encontrar una salida reconciliadora
PR: ¿Pero, hay una experiencia interesante con un movimiento
guerrillero, el M-19?
CO: El M-19 es un ejemplo más de lo que le digo. Fue un
grupo revolucionario de tendencia nacionalista que acogió
las banderas del libertador Simón Bolivar y que surgió
como consecuencia del fraude electoral que sufrió la ANAPO,
que era una tercera fuerza política que intentaba llegar
al poder por la vía democrática. De la noche a la
mañana este movimiento político fue despojado de la
votación que había obtenido en las elecciones para
presidente del año 1970 en favor de los conservadores que
habían firmado 16 años atrás, curiosamente,
en Sigtes Barcelona un pacto con los liberales que llamaron "frente
nacional" para alternarse el poder cada cuatro años.
Este grupo se formó, pues, con intelectuales, universitarios,
gentes de la izquierda social-demócrata que al darse cuenta
que por la vía democrática era imposible llegar al
poder, sólo encontraron el camino de las armas para expresarse
y pelear un poder que compartían a base de puestos burocráticos
y corrupción los dos únicos partidos políticos
que gobernaban y gobiernan como una sola maquinaria que impedía
el acceso a otras fuerzas diferentes a su ideología. De este
fraude como le digo, nació el M-19 que se definieron como
un grupo armado revolucionario y popular con inspiración
bolivariana, de hecho la primera acción importante fue, precisamente,
la de robarse de un museo la espada del libertador Bolivar, con
la que éste prócer de la independencia había
liberado a cinco naciones latinoamericanas de la corona española,
apenas un siglo atrás. Fue un gesto simbólico que
les valió muchos simpatizantes.
PR: ¿Pero esta organización ya no existe, aceptó
la democracia?
CO: Si, en el año 89 o quizás 90, llegaron a un acuerdo
de paz con el entonces presidente y decidieron reintegrase a la
política, su comandante, Carlos Pizarro, un líder
con mucho carisma político dio la cara y se presentó
a las presidenciales; llenando plazas y renovando de alguna manera
la forma de hacer política, pero meses antes de las elecciones
fue asesinado por sicarios que le dispararon dentro de un avión.
Hasta hace muy poco, en un libro publicado por el comandante de
los paramilitares, se supo que fue él quien contrató
los sicarios que acabaron con su vida. Éste y el anterior
asesinato que le cuento, continúan hoy en la más absoluta
impunidad. Aún más terrible fue el exterminio de cerca
de 2500 dirigentes y simpatizantes de la UP, un movimiento político
de aquella misma década que surgió de unos acuerdos
de paz con el presidente Belisario Betancur y que provenían
de un sector de la guerrilla de la FARC que habían aceptado
integrarse a la democracia.
PR: ¿Cómo fueron asesinados?
CO: Se presentaron a elecciones municipales y locales y habían
obtenido alcaldías de algunos municipios importantes, también
habían concejales, diputados, gobernadores y hasta senadores.
Es decir, poder local. Todos uno a uno fueron siendo asesinados
de manera selectiva y sistemática en una guerra sucia en
la que cayeron ex-guerrilleros que le apostaron a la democracia
y simpatizantes que no habían sido guerrilleros, pero que
comulgaban con las ideas de este movimiento político. El
país, y digo el país porque en una guerra sucia donde
nunca se sabe con certeza quien dispara, no le perdonó a
este movimiento su militancia pasada, ni la favorabilidad de los
votos en ciertas zonas del país que empezaban a ser gobernadas
por estos nuevos políticos. Yo creo, incluso, que ésta
es una de las peores vergüenzas en un país que posa
de democrático en América Latina que ha sido un continente
de dictaduras en el siglo XX. Un error imperdonable de intolerancia
y mezquindad de una clase política que no ha visto más
allá de sus propios intereses electoreros. Se impidió,
de esta manera, resolver un conflicto que por ese entonces, pienso,
era posible solucionar ahorrándonos muchas muertes, viudas,
huérfanos y miseria.
PR: ¿Y porqué ahora es más difícil
resolver el conflicto?
CO: Porque han surgido de ese tiempo para acá dos actores
nuevos en la guerra: uno es el paramilitarismo y otro es el narcotráfico
(ver artículo de ampliación),
que mueve enormes cantidades de dinero, de los cuales buena parte
de él sirve para financiar la guerra.
PR: ¿Quiénes son los paramilitares, qué papel
tienen aquí y cómo se cruza la guerra con la droga?
CO: Los paramilitares nacen por dos vías; la primera por
los rencores y el deseo de venganza de una familia campesina que
utilizan la justicia privada para cobrarse las deudas que tienen
con la guerrilla, y según lo han explicado ellos mismos,
nacen como un grupo armado de extrema derecha que busca combatir
los excesos de la guerrilla, de esta manera consiguen el beneplácito
de los grandes terratenientes, latifundistas, comerciantes y empresarios
de algunas zonas del país que están siendo azotados
por la extorsión y el secuestro, pero también son
bien vistos y apoyados por algunos sectores del ejército
colombiano y de cierta clase política que los ve como alternativa
para combatir y derrotar las guerrillas. La segunda vía que
está comprobada es que nacen amparados por los carteles de
la droga que en los años 80 viven su mejor momento y necesitan
de un ejército ilegal que proteja sus propiedades y grandes
haciendas, adiestre sicarios y terroristas para combatir al estado
que los persigue, de esta manera contratan, incluso, terroristas
internacionales que viajan a Colombia a enseñar técnicas
de manejo de explosivos y terrorismo, que luego utilizan en la guerra
con la policía colombiana y con DEA norteamericana. También,
trabajan para los carteles de la droga protegiendo sus cultivos
de coca, sus laboratorios y pistas de aterrizaje y embarque de droga.
PR: ¿Y el narcotráfico y las relaciones de éste
con las guerrillas como se entiende?
CO: Bueno, la guerrilla tiene más de 40 años de existencia
en Colombia y se ha sostenido y financiado de diversas fuentes;
en un principio venia del bloque de países socialistas de
la Europa del Este y de la Rusia socialista que veían la
expansión del comunismo en Latinoamérica muy favorablemente,
sobre todo, después del triunfo de la revolución cubana
en los años 60, pero el mundo ha cambiado mucho desde entonces
y la caída del muro de Berlín, más la disolución
de la Unión Soviética le llegó a las guerrillas
colombianas en un momento en el que ya tenían un ejército
de hombres en el monte y una infraestructura clandestina que los
obligaba a buscar nuevas formas de financiarse. A partir de ahí,
la extorsión y lo que ellos llaman el impuesto revolucionario
se incrementó, se disparó también el secuestro
a ganaderos, terratenientes y empresarios en las últimas
décadas. Por esa misma vía de buscar financiación
para mantener la guerra, ingresan en el negocio del narcotráfico
que según estudios recientes oscila entre el 40 y el 50%
del dinero que perciben. El dinero de la droga llega por proteger
cultivos, cobrar impuestos a los carteles porque cultivan o procesan
la droga que está en zonas selváticas controladas
por ellos o vigilar pistas clandestinas de embarque para la distribución,
es decir, están en el negocio de una forma tal que obtienen
el dinero básicamente por el cobro de un impuesto que en
este caso les deja grandes cantidades de dinero, justamente, por
ser ilegal y cotizarse con altos precios en el mercado internacional.
PR: ¿Se puede conciliar una ideología socialista
que pregonan con el tráfico de drogas?
CO: Es muy complicado responder esto, creo que eso es justamente
lo que hace que guerra en Colombia sea atípica a las demás
vividas en épocas pasadas en América Latina. El dinero
obtenido les permite mantener su estructura militar y financiar
la guerra que es costosa, pero sus objetivos evidentemente son diferentes
a los puramente económicos de los carteles de la droga.
Hasta ahora no hay pruebas claras de que trafiquen con drogas,
es decir que sean carteles como se suele decir; están en
el negocio, en la que también están los paramilitares,
y del que se benefician la clase política no sólo
de Colombia (el gobierno Fujimori- Montesinos en Perú, Noriega
en Panamá o el gobierno Samper en Colombia) y algunos gobiernos
de América Latina y de Europa que utilizan sus paraísos
fiscales para blanquear dinero, pero también se ha beneficiado
el sector empresarial legal que en algún momento ha robustecido
sus industrias con este dinero y la banca internacional, también,
que lava enormes cantidades de dinero y mantiene un silencio cómplice
con el negocio. Así, que el narcotráfico ha contaminado
todas las esferas de la sociedad y no sólo de nuestra sociedad
colombiana, sino de la sociedad globalizada.
PR: ¿Qué salidas hay, qué porvenir tiene Colombia?
CO: Otra pregunta compleja que con el panorama actual me impide
tener una respuesta clara. Yo creo que ese es el gran laberinto
de Colombia ¿cómo resolver un conflicto tan antiguo
y que cada vez desangra más al país¿ Es un
país con 42 millones de habitantes y la guerra la hacen poco
menos de 200 mil, si contamos los grupos guerrilleros, los paramilitares
y las fuerzas armadas del Estado. La gente común sigue trabajando,
estudiando y viviendo en medio de la violencia. Mejor lo dijo, hace
poco, García Márquez: "Una patria que en medio
de tantos infortunios ha aprendido a ser feliz sin la felicidad
y aún en contra de ella".
Hay una generación o quizás dos que no han visto
un país en paz y dudo de que alguien en Colombia incluyendo
los guerreros no quieran ya vivir en paz, aún al costo de
perder los privilegios que también da la guerra, pero la
confrontación cada vez es más sangrienta y toca límites
impensados. Ahora mismo, el país está profundamente
polarizado y eligió hace poco a un presidente de derecha
que llegó al poder anunciado la derrota de las guerrillas
y el final de la guerra, pero sin propuestas para esos cinco millones
de colombianos que andan fuera de su patria esquivando el apelativo
de parias, y de esos casi tres millones de desterrados en su propia
tierra que deambulan por calles y alcantarillas de las ciudades
viviendo en la miseria y llorando la desgracia de ser colombianos.
Así que yo creo, que la paz en Colombia está lejana,
porque no sólo depende de los colombianos y porque ni siquiera
es la decisión de una persona, de un presidente que electoralmente
vende la ilusión a todo un pueblo de que los problemas se
resolverán en el terreno de la guerra; ya esto se ha experimentado
y no ha hecho otra cosa que aumentar mucho más el poder de
la guerrilla. Las raíces de la guerra en Colombia son muy
hondas y muy viejas como para resolverlas a plomo o de un plumazo
presidencial. Son sociales, son económicas, son políticas
y son morales y si no resolvemos primeramente esas causas que siguen
siendo las mismas, aumentadas incluso hoy, y que originaron este
desangre, la paz no será más que una entelequia politiquera
y electoral como ha sido hasta ahora.
Yo creo, que sólo veremos luz al final del túnel,
cuando se empiece por lo menos a hablar de justicia social, de equidad,
de una paz incluyente y no de privilegios, que construya un país
donde quepamos todos; no hablo del país de la guerrilla,
por supuesto, ni el de los paramilitares, ni el que nos ofrece nuestra
incompetente y corrupta clase política y que por supuesto
no ha funcionado. Yo hablo de una paz que albergue las razones y
sensibilidades de los campesinos, de los indígenas, de los
negros, de las mujeres, de los trabajadores, de los estudiantes,
de la clase media, justamente, de todos aquellos que han estado
históricamente ignorados por la clase política y empresarial
que han hecho un país a la medida de sus ambiciones personales
y de espaldas a quienes más sufren la guerra que hoy tenemos.
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