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Carlos Obando

Comunicador Social y Periodista nacido en Medellín, Colombia. Es titulado en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad de Antioquia, con sede en Medellín, Colombia. (sigue...)

 

 
 

El narcotráfico: el combustible que mueve la guerra

Artículo de Carlos Obando

Colombia es un país densamente poblado en muy poca extensión de tierra. 42 millones de habitantes ocupan un territorio de un millón 300 mil kilómetros cuadrados aproximadamente, pero, sólo el 5% vive en las 2/3 partes de esta extensión territorial, la selva amazónica y las llanuras del sur del país. Estas dos regiones que algunos han llamado la "Colombia invisible" está conformada por 10 departamentos en la que viven un poco más de tres millones de habitantes (población rural fundamentalmente) en cerca de 750 mil kilómetros cuadrados de tierra, es decir, más de la mitad del total de la extensión territorial de todo el país

Durante más de 30 años las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la organización guerrillera más antigua y poderosa militarmente de este país ha querido establecerse en esta zona y controlar la población mediante el adoctrinamiento político y el establecimiento de su ideología de clara tendencia marxista-leninista. Con la llegada del tráfico de drogas en la década del 80 este panorama cambió. Y cambió, porque el escenario de la izquierda en el mundo también fue otro con el final de la guerra fría y la disolución de la Unión Soviética, lo que colocaba el espectro político en el mundo en un giro hacia la derecha y obligaba a los grupos armados de izquierda, que por la década de los 70 existían en casi todos los países de América Latina, a desmovilizarse y llegar a acuerdos de paz, o de continuar en la guerra, como en el caso colombiano, a buscar otros mecanismos que los sostuvieran.

Fue en este giro donde la guerra adquirió una dinámica más económica que política y de ahí que sean los recursos que provienen del narcotráfico los que vayan a ser utilizados por los grupos armados -guerrillas y paramilitares- para financiarla. Hoy se habla de que el 40% de los ingresos de las FARC y el 70% de los ingresos de los grupos de extrema derecha o paramilitares provienen de algún tipo de vinculación directa o indirecta con el cultivo, la producción y el tráfico de cocaína. Para ser más claros, y aunque las cifras que publican diferentes organismos nunca coinciden, en Colombia había en el año 1983 alrededor de 13000 hectáreas de coca y las FARC contaban con 2000 hombres armados en sus filas. 15 años después en 1999, había en Colombia alrededor de 103.200 hectáreas y las FARC contaban con 16000 hombres, es decir que tanto los cultivos como la guerrilla se habían multiplicado en casi 8 veces. Otros informes dicen, por ejemplo, que en el año 2000 Colombia tenía 125000 hectáreas sembradas sumadas la coca y la amapola, una planta que sirve para extraer el látex de opio para el procesamiento de la heroína que no era cultivada en Colombia hasta finales de la década del 90 . De éstas, se han destruido 100 mil hectáreas con el plan de fumigación y restitución de cultivos implementado por el gobierno, pero hoy en el 2003 hay 165000 hectáreas en plena producción, lo que demuestra que la destrucción y la siembra sustitutiva por otros cultivos no contrarrestan las cifras, sino que por el contrario parecen incentivarlas.

El otro efecto que recrudece y perpetua la guerra es la aparición, en los últimos 20 años, de los grupos paramilitares o de autodefensa que efectivamente nacen con el auge de los carteles de la droga a comienzos de los años 80, como ejércitos de protección de los capos y de sus intereses en el negocio de la droga: protección de cultivos, laboratorios y tráfico de la droga o destinados a amenazar y asesinar a quienes se opusieran al negocio: jueces, periodistas, políticos que en Colombia ejercían algún tipo de liderazgo en la opinión pública y denunciaban estas organizaciones criminales. Pero, es a partir de los años 90 que estos grupos crecen y se expanden por la geografía colombiana adquiriendo una dinámica propia, gracias también, a la connivencia -por acción o por omisión- con algunos sectores del ejercito colombiano, lo que les ha permitido multiplicarse de manera muy rápida aumentando el número de hombres y su capacidad militar.

En este sentido, lo que era hasta los años 80 una guerra ideológica basada en el adoctrinamiento de la población, ha devenido en una guerra centrada en el control del territorio y de las zonas donde existen recursos naturales lícitos como el petróleo o la ganadería e ilícitos como el cultivo de coca y amapola. De ahí, que si sobreimponemos el mapa de las zonas ricas en recursos (legales o ilegales) con el de las zonas del conflicto armado, curiosamente nos encontramos que estos dos mapas coinciden casi con precisión matemática. En conclusión, en Colombia donde hay guerra hay recursos naturales que mueven enormes cantidades de dinero o, quizás al contrario, que vale decirlo, no es lo mismo, donde hay recursos es donde convive con mayor intensidad la guerra.

Finalmente, la producción y el tráfico que es lo que se combate y deja miles de muertos y desterrados en Colombia son sólo dos aspectos del problema de la droga. Habría que mirar también las enormes ganancias que produce el comercio de precursores químicos necesarios para el procesamiento del alcaloide y que son producidos por algunas multinacionales europeas y del lavado internacional de dinero que se hace con la complacencia o el silencio malicioso de los países de la Unión Europea y de los Estados Unidos. El narcotráfico, pues, es hoy un negocio globalizado que mueve, según la ONU, 400.000 millones de dólares al año es decir el 8% del comercio mundial, es también globalizado porque nutre otro negocio ilícito como es el tráfico de armas (80 millones de rifles AK-47 se negocian en el mercado negro al año). El armamento decomisado a la guerrilla en Colombia es casi todo de fabricación norteamericana e israelí. Las armas vienen de Jordania, Rusia, China, Bulgaria, Corea del Norte y otros países de la Europa Oriental, entran por Brasil, Panamá, Ecuador y Perú y se canjean por droga (se conocen versiones de que Alberto Fujimori, ex-presidente peruano junto a su asesor Vladimiro Montesinos, vendió armas a la FARC procedentes de Jordania, pero igualmente tuvieron algún tipo de negociación con los carteles de la droga). Según testimonios dados a la prensa por paramilitares, cambian fusiles AK-47 y ametralladoras M-60, lanzagranadas de mano y morteros por kilos de cocaína en lugar de dinero. Igualmente, el negocio de la droga compite con el tráfico de personas que deja utilidades cercanas a los 7000 millones de dólares y al blanqueo de dinero de estos negocios que representa entre el 2 y el 5% del PIB mundial según concluye la ONU.

Hoy, además, existe un fenómeno que comienza a preocupar en ambos hemisferios y es que se ha detectado que narcotraficantes colombianos y mexicanos intercambian cocaína por drogas sintéticas, producidas en países europeos como Holanda, Francia y Alemania. El intercambio de drogas producidas en los países en vías de desarrollo con las de los países industrializados sin la transacción hecha en dinero evita el blanqueo, pues aunque la negociación se hace en dólares, éstos no circulan y el dinero entra limpio a las arcas de los carteles de la droga de un lado y de otro. Lo que quiere decir, que tanto el consumo como el tráfico se está globalizando y que el mercado se asemeja al de los productos lícitos, convirtiendo los países productores en consumidores y los consumidores en productores, gracias a la mundialización y a la homogenización del consumo, como también, a la participación de muchos países en cualquiera de las fases del negocio del narcotráfico.

Las drogas en la agenda norteamericana

La importancia del tema de las drogas ilícitas en las relaciones Colombia- Estados Unidos, ha cambiado desde los años 70. El primero en plantearse la droga como una amenaza para la seguridad nacional fue el presidente Nixon, que declaró el tráfico de drogas "el enemigo público número uno de los Estados Unidos"; luego, el presidente Reagan lo retoma y lo incluye en la agenda de asuntos exteriores con la decisión directiva de seguridad nacional sobre narcóticos lo que pone a Colombia en la mira internacional a partir de lo que se ha llamado la post-Guerra Fría y que da un viraje del comunismo como amenaza para el imperio norteamericano al narcotráfico como un asunto de seguridad nacional. Posteriormente, Clinton lo hace visible a través del "Plan Colombia" en el que demuestra el vinculo entre drogas y seguridad estadounidense que siempre han promovido los gobiernos norteamericanos.

Los últimos años han sido de relaciones tensas y viciadas siempre por el tema de las drogas, lo que ha hecho que difícilmente en los últimos 15 años las relaciones de Colombia con los Estados Unidos se hayan podido plantear sin estar "narcotizadas". La amenaza del narcotráfico, según los norteamericanos, ha crecido en la misma proporción al aumento del cultivo de coca (hace 20 años Colombia no cultivaba coca, eran sólo Perú y Bolivia, hoy además de cultivarla ingresa en el cultivo de la amapola y la producción de heroína que ha sido propiedad de los países de la Europa del Este y de Afganistán que es el mayor productor de heroína en el mundo, exportando al menos el 60% hasta antes del 11 de septiembre).

El incremento en la producción de estos cultivos, más el involucramiento de las guerrillas (FARC, ELN) como también de los grupos armados de extrema derecha, paramilitares y autodefensas, en el negocio del narcotráfico no sólo ha intensificado la guerra en Colombia, sino que les ha permitido en un breve tiempo tener una mayor y mejor dotada infraestructura de guerra, que en algunos casos se ha considerado superior a la exhibida por los organismos de seguridad del Estado. La guerra en Colombia se vive hoy por tierra, mar y aire y el armamento exhibido como las estrategias mostradas indican que la guerra está planteándose para muchos años, pues, igualmente continúa el reclutamiento de hombres, mujeres e incluso niños a los que se les pagan salarios, absorbiendo de esta manera un porcentaje de la cifra de desempleo que tiene el país, de las más altas en Suramérica.

Porqué Colombia es una amenaza?

Colombia es la fuente principal de oferta de cocaína para los Estados Unidos y según éstos supone hoy una amenaza para la estabilidad y la seguridad regional de América Latina. Seguridad que evalúan los norteamericanos en función de su política homogenizante y unilateral que han ejercido por décadas en los países de este continente. Una política impuesta a través de las dictaduras puestas o avaladas por los Estados Unidos en las décadas del 50 y hasta los años 80 (Argentina, Chile, Nicaragua, Paraguay) o en los presiones económicas ejercidas desde organismos internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, controlados desde Washington y que han terminado por asfixiar las economías de estos países y aumentar considerablemente los niveles de pobreza. La política de los norteamericanos se ejerce hoy mucho más, después de la caída del muro de Berlín y de la disolución de la Unión Soviética que ha puesto al Imperio a hablar solo, sin escuchar a interlocutores; que lo ha hecho ciego sin ver que con su prepotencia desconoce las resoluciones internacionales y arrasa la legalidad internacional institucionalizada como acaba de ocurrir con la reciente invasión a Iraq.

Ahora, si como afirma Castells, el tráfico de drogas es un negocio que mueve 500.000 millones de dólares al año y deja resultados superiores al comercio del petróleo que los americanos tienen controlado (más aún después de la invasión a Iraq), la droga entonces se convierte en una prioridad, pues todo lo que ella significa se sale del control estadounidense, y esa parece ser la razón que incomoda a los Estados Unidos: cultivo, procesamiento, venta de precursores químicos, transporte, distribución y comercialización en las calles de la grandes ciudades occidentales, lavado de dinero y blanqueado de activos, son actividades que escapan al control y que mueven una enorme cantidad de dólares que robustecen economías marginales conectadas a los delitos y la criminalidad transnacional organizada.

Igualmente, lo que está en juego, y que los Estados Unidos no escuchan, es una eventual legalización de la droga. En este caso, el dinero que ahora es ilícito, de legalizarse sería controlado por los países productores y exportadores, y legalizar el negocio significa, también, que lo asuman de forma directa o con la tributación de impuestos provenientes del negocio, los gobiernos de los países de Latinoamérica, fortaleciendo sus economías y replanteando una nueva estructura en el comercio internacional que le abriría espacios a estos países en la balanza de productos exportables, como son tradicionalmente el café, el banano, las flores, el petróleo y las frutas tropicales. Un negocio que, evidentemente, al ser legal permitirá la entrada de dólares saneados que fortalecerían sus monedas frente al dólar americano y el euro europeo.

Por otro lado, el proceso de producción de coca está deforestando los bosques y la selva virgen, contaminando las aguas y contribuyendo a la erosión de los suelos (los laboratorios de procesamiento de la pasta operan en las zonas selváticas de la amazonia, sin tomar medidas de protección de los ecosistemas y la biodiversidad), pues el tratamiento de los 22 precursores químicos que se utilizan en el proceso se hace sin ningún control ambiental contaminado con sus desechos suelos y aguas. Otro efecto nocivo sobre el impacto ambiental es el que está ocasionado las fumigaciones con Glifosato o Tibuthiurón, sin embargo, son pocos los que están interesados en evaluar el impacto que la producción de coca está dejando en los ecosistemas de los países productores, si se continúa haciendo de manera ilegal. Las fumigaciones, por ejemplo, que se han suspendido en varias ocasiones por la oposición de medios académicos y opinión publica, se reanudan con el argumento de que no tienen respaldo científico ni son demostrables los efectos nocivos de esta actividad en la población. Se calcula que miles de hectáreas han sido y están hoy siendo deforestadas en la selva amazónica por el negocio de la droga, en ese triangulo fronterizo conformado por Perú, Colombia y Brasil.

Para concluir, no legalizar la droga por la repersecución en materia de salud en la sociedad norteamericana, no es más que el sofisma de distracción usado por los Estados Unidos para hablar del daño que sufre su población en particular jóvenes en una sociedad que es adicta a todo tipo de drogas. (En Estados Unidos el consumo de drogas es del 10% del total de su población lo que constituye más de 110 billones de dólares en costos económicos para los Estados Unidos según lo dijera Barry McCaffrey, anterior jefe de la oficina antinarcóticos de ese país). Combatir con educación a la población y ayuda a los drogadictos, con plena seguridad requeriría de muchísimos menos dólares que los invertidos en represión y persecución del delito. Las cifras, los estudios y las estadísticas lo confirman.

obandocarlos@yahoo.es

 
         
         
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